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Mejor hablar de ciertas cosas

¿Tropezar tres veces con la misma piedra?

El descontrol en las calles dio lugar a los saqueos en el 2001.
Los ciudadanos enojados pedían que se fueran todos los funcionarios.

En mayo de 1989 la situación económica social en la Argentina y en la mayoría de las provincias comenzaban a llegar a un punto de quiebre cuando comenzaron a recrudecer los reclamos de los ciudadanos que deseaban un mejor bienestar porque “ya es imposible llegar a fin de mes ni pagar los servicios esenciales”, según era el eco popular de los primeros grupos de vecinos que decidieron movilizarse por las calles.

Y como si fuera una marcada registrada de la historia, el 22 de mayo se daba el puntapié inicial a los saqueos a dos supermercados en Córdoba Capital. Un día después se trasladó a Rosario en Santa Fe y luego en Mar del Plata.

También durante la primera semana de junio los saqueos se multiplicaron por la Patagonia y llegaron a ser protagonistas en Chubut comenzando por Trelew, siguiendo por Puerto Madryn y Rawson.

En el momento se informó que durante la revuelta social de nueve días hubo “329 saqueos a comercios de alimentos en todo el país” llevándose los “saqueadores” comestibles y algunos “hasta las cajas registradoras”.

Además, se daba a conocer que el índice de inflación llego al 114,4 por ciento y el déficit del PBI argentino se hundía hasta el 15,6 por ciento.

Doce años después, en el 2001 nuevamente la historia volvió a repetirse y estalló la bronca social, primeros con contundentes marchas y luego acompañada por saqueos a los comercios.

Las protestas, que se iniciaron el 19 de diciembre con un cacerolazo y tuvieron su epicentro el 20 de diciembre, terminando en una violenta represión, que como consecuencia fatal tendría 39 personas muertas y con la renuncia del Presidente de la Nación, Fernando De La Rúa que había llegado al poder apenas dos años antes, en 1999.

Para muchos la crisis de 2001 comenzó el 6 de octubre del año 2000, cuando Carlos “Chacho” Álvarez presentó su renuncia a la vicepresidencia de la Nación, en lo que fue el comienzo de la debacle del gobierno.

En un intento por evitar la crisis que se avecinaba, la Iglesia convocó a un encuentro multisectorial en el mes de agosto de ese año conocido como Diálogo Argentino. De las seis reuniones que se llevaron a cabo, participaron sindicalistas y referentes de los principales Partidos, así como entidades empresariales.

Los encuentros no arrojaron resultados ya que varios de los participantes se retiraron ante la negativa del Gobierno de implementar un cambio de rumbo en lo económico.

Acorralado por las marchas que se desarrollaban cada 48 horas, sobre todo cuando se impuso el “Corralito”, el 2 de diciembre de 2001, que disponía desde el Gobierno la restricción de extracción de dinero en efectivo de los bancos, diseñada por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo.

Esto impactó sobre todo en la clase baja, mayormente no bancarizada, y la clase media que se vio restringida para sus movimientos económicos.

Lo peor vino con la imposición por decreto del Estado de Sitio, una atribución exclusiva del Congreso, suspendiendo las garantías constitucionales.

Inmediatamente después de terminado el anuncio del estado de sitio, millones de personas en todo el país empezaron a hacer sonar cacerolas desde sus casas y muchas salieron a las calles dando inicio a lo que se conoció como "el Cacerolazo". Un gran grupo se concentró frente a la Casa Rosada exigiendo la renuncia de De la Rúa y comenzando a corear una consigna que caracterizaría al movimiento: "¡Que se vayan todos!".

En el Valle del Chubut y Comodoro Rivadavia se vivieron los momentos más complicados, tensos y los saqueos estuvieron a la hora del día, tanto en supermercados, tiendas de ropas y casas de venta de zapatillas.

Un calco

En las últimas dos semanas en la mayoría de los comercios de la provincia del Chubut, sus propietarios comenzaron a sentir el “cimbronazo” de los listados de aumento de los productos y según lo manifestado a NOVA, “no sabemos cómo implementar los aumentos, es inexplicable que cada dos semanas tenemos que remarcar y vamos terminar sin poder vender la mercadería, la gente ya se empieza a enojar, compra lo mínimo y se va”, destacó una propietaria de uno de los kioscos más concurridos de la ciudad de Rawson.

Por su parte un reconocido empresario gastronómico del centro de Trelew apuntó que “desde hace una semana la cuestión viene cambiando, ya tenemos que estar aumentando el valor de los principales platos de la carta y eso es complicado. Estamos muy atentos a lo que pueda pasar de acá a quince días, no podemos mantener los precios”, dijo.

La sensación de que alguna “rebelión” del pasado pueda repetirse ya está instalada y es muy difícil mesurarlo, es más; es tiempo de encender las alarmas –pese a que un sector político no lo quiera asumir- ante lo imposible de poder predecir el desenlace. En una época signada por cierta vuelta a la apatía política y la aparición de la movilización social, una observación superficial podría sostener que es un grave error.

De una manera sorpresiva puede que las calles se llenen de gente y de masivas intervenciones sociales si es que no se previene. No sigamos esperando el día después de mañana, sigamos atentos a las horas que vienen. No es necesario ni positivo que se vuelva a tropezar con las mismas piedras de un pasado de estallido. Es necesario un programa de contención y gestiones gubernamentales que piensen en el bien común. Nada más que eso.

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