Martín Vestiga, Tito Rosca y el oscuro socio del gobernador "Nacho" Torres
Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
Martín Vestiga llegó a la capital de la provincia de Chubut con la impronta de siempre: libreta en mano, ceja arqueada y mirada de periodista que ya sabe que cualquier sobremesa puede terminar en nota.
Fue allí, entre un kiosco que vendía facturas y un cartel municipal que prometía arreglar la rotonda “la semana que viene”, donde se topó con el infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca.
Y no, no fue casualidad: la ciudad pequeña es un ecosistema de chismes con patas y el infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca era hoy el cronista no oficial de la vereda.
El infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca, con voz de quien sabe demasiado y sonrisa de quien no sabe nada, le chusmeó a Martín Vestiga que en un pueblo chubutense llamado Maitén se encuentra la famosa “Trochita”: ese tren centenario que “antes asaltaban” las leyendas y que ahora, curiosamente, se usa para llevar turistas y selfies.
Según el infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca, la polémica (esa que nunca falta en campaña ni en el café del mediodía) tiene nombre propio: que si el Gobierno de Ignacio "Nacho" Torres tiene intereses, que si la Trochita es patrimonio o mercancía, y que, para cerrar el combo, el ex candidato a diputado “libertario” Gustavo Ámbar sería uno de los socios provinciales en el embrujo turístico.
Cuando Martín Vestiga le preguntó, con la seriedad que lo caracteriza, por pruebas y documentos, el infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca respondió con la soltura de quien confunde “periodismo” con “rumorología”: “En la plaza lo dicen, en el almacén lo confirman y en el baile lo discrepan”.
Y allí surgió la versión más jugosa: que Gustavo Ámbar habría montado una suerte de dictadura interna en el Partido Libertario de Chubut para asegurarse listas únicas y negocios para el oficialismo. Martín Vestiga, fiel a su oficio, tomó nota… y después dejó la libreta en el auto cuando comprendió que la historia pedía mate caliente, no actas.
Al final, Martín Vestiga se quedó con una postal: el silbido de la Trochita, el humo de pucho que seguía al infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca como una estela de malas decisiones, y una promesa tácita de que, si la política local era un sainete, él prefería ser el cronista que anota las risas.
El infumable con olor a pucho y satánico Tito Rosca se alejó deshilachando un nuevo rumor; Martín Vestiga volvió a la libreta convencido de algo elemental: en Chubut, como en casi todos lados, la verdad suele entrar por la puerta de atrás vestida de chisme.
¡Todos con el culo en la pared!
¡Llegó "Nacho" Torres!








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